jueves, 18 de agosto de 2016

ROCK Y ECOLOGISMO “Rocío de la Mañana” (Bonnie Dobson)

 El rock, desde su impronta inicial en el escenario musical ha descrito y resistido a la paulatina destrucción del planeta y su maquinaria. Ha visualizado, no solo futuros “hippies” paradisiacos, sino también retratado paisajes y sentimientos anti-utópicos. Una de ellas es “Morning Dew” (Rocío de la mañana), canción folk-rock post apocalíptica, escrito por la cantante canadiense Bonnie Dobson en 1962. De acuerdo a Dobson en una entrevista de 1993, el tema está inspirado en la película “On the Beach” (en español se llamó “La hora final”), film ambientado en el año 1964, en los meses siguientes a la III Guerra Mundial. El conflicto ha devastado el hemisferio norte, contaminado el ambiente con polvo radioactivo y eliminado toda forma de vida. El polvo se dirige lentamente hacia el sur; las únicas áreas habitables se hallan en el extremo sur del hemisferio, como Australia, donde se desarrolla la trama.

La canción describe el diálogo de una pareja de sobrevivientes el día después del holocausto; la tristeza y el dolor por la desaparición de todo ser vivo, incluidos los seres queridos, es conmovedor. Hoy, en el contexto de la expansión de la entropía ecológica a nivel planetario, y la brutal sequía que azota el país, “Morning Dew” mantiene su dolorosa frescura.

Varios artistas han versionado posteriormente “Morning Dew”, entre ellos Jeff Beck, Robert Plant, Nazareth, Grateful Dead.

Rocío de la Mañana
Cariño, llévame a dar un paseo en el rocío mañanero,
Mi amor, llévame a caminar en el rocío de la mañana
Hoy no puedes ir a caminar en el rocío de la mañana
Hoy no puedes ir a caminar en el rocío de la mañana

Pero escucha! Oigo a un hombre gemir, “Señor”.
Sé que escucho a un hombre gemir, “Señor”.
No escuchaste ningún hombre gemir en absoluto
No escuchaste ningún hombre gemir en absoluto

Pero, sé que escucho a mi bebé llorando, “Mama!”
Sí, sé que escucho mi bebé llorando, “mamá! “
Nunca más oirás llorar a tu bebe otra vez
Nunca más oirás llorar a tu bebe otra vez

Oh, ¿dónde se han ido todas las personas?
¿Me dirás dónde se ha ido todo el pueblo?
No te preocupes más acerca de las personas
No te preocupes más acerca de las personas

Cariño, llévame a dar un paseo en el rocío mañanero,
Mi amor, llévame a caminar en el rocío de la mañana
Hoy no puedes ir a caminar en el rocío de la mañana
Hoy no puedes ir a caminar en el rocío de la mañana
Hoy no puedes ir a caminar en el rocío de la mañana
(Traducción CCF)

La versión más conocida de “Morning Dew” por Bonnie Dobson puedes oírla en

Una hermosa versión en vivo, se puede escuchar en

Robert Plant (ex- vocalista de Led Zeppelin) hizo una version el 2002, en su disco "Dreamland". Plant y Bonnie Dobson en  vivo, puede ver en

Jeff Beck en su primer disco “Truth”, en 1966, hizo esta versión psicodélica.


miércoles, 17 de agosto de 2016

Las universidades deben estudiarse así mismas para transformarse

Guido de la Zerda Vega

Las universidades recuerdan sus orígenes, sus hitos más importantes, pero no siempre alcanzan a comprenderse así mismas, en la profundidad de sus procesos. Las instituciones normalmente no se preguntan, cómo y por qué se transformaron en el tiempo, o dónde deben situarse frente a los cambios externos, son demasiado dependientes de lo que ocurre en su entorno, y muy difícilmente se anticipan a los contextos cambiantes, para finalmente reproducirse inercialmente.

Históricamente es comprobable que la universidad es una de las instituciones más polítizadas de la sociedad (Brunner, 1990; Luna Díaz, 1985; Ordorika, 1999; Perkin, 1984, 1997). La conflictividad política de las instituciones de educación superior se vuelve cada vez más relevante dada la centralidad de estos espacios educativos en el mundo globalizado (Gonzáles Casanova, 2001). La comprensión y percepción sobre el carácter político de estas luchas y conflictos pueden ayudar a reflexionar la gestión y el gobierno universitario. [Sin embargo], son pocos los estudios clásicos sobre los problemas políticos de la educación superior (Kogan, 1984).

No obstante de que en las universidades latinoamericanas han existido tradiciones más políticas “en sus dinámicas internas y en los estudios sobre la universidad, las investigaciones tienden a seguir los patrones establecidos en los países anglosajones y omiten la dimensión política de la vida universitaria” (Levy, 2000).

La complejidad de las confrontaciones, el manejo discrecional del sistema de toma de decisiones, las discrepancias con la gestión, el carácter estacionario que ha tomado la cultura universitaria frente a los cambios de la sociedad; las tensiones frecuentes entre el gobierno central y las instituciones de educación superior por temas de financiamiento, los conflictos de inoperatividad y contradicciones en las nuevas dinámicas políticas de los órganos de gobierno, los cambios en el tejido social (externos e internos), el contexto global, los desafíos tecno-económicos, informacionales y las competencias y exigencias del mercado, son algunos de los hechos más relevantes que necesitan ser estudiados para enfrentar la crisis institucional actual.

El statu quo en la gestión y el carácter corporativo perverso que compromete al gobierno universitario, parecen ser nodulares y los más problemáticos, y a la vez inevitables para impulsar el debate en esta época de reformas, sobre todo dentro de un contexto de transición de una universidad de elite hacia una universidad de masas.

A esto se suma un contexto global, donde, “el principal objetivo de este proceso es adecuar las universidades e instituciones de educación superior a la nueva economía cultural y del conocimiento” (Gamport, 2000). En este nuevo contexto, el aprendizaje tiende a alejarse de la vieja cultura humanística y convertirse en sinónimo de una habilidad técnica.

En este escenario, -consolidado sobre todo como capitalismo académico en el primer mundo-, las universidades bolivianas todavía se ven como meras instituciones receptoras, adaptativas y con problemas serios de gobernabilidad y de gestión. La gestión y el gobierno de la universidad pública se propusieron a finales de los ’90, desplazarse a las lógicas del mundo del mercado, de los negocios y de la productividad, con un sistema de gobierno que suplantase a los cuerpos colegiados por la experticia. La gestión sustentada en cierto gerencialismo que corrigiese la ineficacia, alcance el éxito de sus metas, medido por su productividad, tampoco calo en la cultura universitaria boliviana. El experimento se fue desvirtuando en la medida que las universidades fueron constatando que sus culturas organizacionales no funcionan como una empresa. “Las instituciones de educación superior no son empresas y por tanto no pueden ser gobernadas bajo las premisas de la calidad total (TQM) ni evaluadas por su productividad, como si ‘producir’ graduados fuese igual que hacer calzados” (Rodríguez, 2002).  [Las] universidades son, como dicen algunos que las han estudiado, instituciones de base pesada, anarquías organizadas o sistemas débilmente acoplados. En estas condiciones, es importante comenzar a ponernos de acuerdo que la salida no es elaborar un modelo de universidad, ni tampoco sólo un modelo de gestión. Por eso todas estas complejidades deben ser investigadas a detalle para abrir potenciales soluciones a la crisis universitaria.

El autor es profesor de la UMSS.



miércoles, 10 de agosto de 2016

LA INTERVENCION GUBERNAMENTAL CONTINUA EN LA UMSS


Carlos Crespo F.

En los últimos días han circulado dos informaciones sobre la UMSS en su relación con el gobierno del “proceso de cambio”. Uno, la rebaja en el presupuesto para la UMSS sería del 60% este año, y dos, la obligación de San Simón de elaborar un plan quinquenal, "adecuándose" al Plan Nacional de Desarrollo y la Agenda Patriótica. En una universidad que se precie de autónoma son sus miembros quienes definen de manera independiente no solo su política de gastos, sino fundamentalmente su agenda y orientaciones de formación, investigación e interacción; es la libertad académica que lo permite, de otra manera no sería posible producir conocimiento. Ahora, que en este proceso debe tomar en cuenta las necesidades de la sociedad con la que interactúa, es evidente. Tampoco puede estar al servicio, de la “clase obrera”, el “pueblo”, los “movimientos sociales”, menos del Estado, por más revolucionario que fuere, a riesgo de debilitar su autonomía; lo que hace la universidad es interactuar con todos estos actores e instituciones, como entidad autónoma.

En el caso del Plan Nacional de Desarrollo y la Agenda Patriótica, cómo someterse a documentos ideológicos de base extractivista, desarrollista a ultranza, que no han sido sometidos a ningún escrutinio académico? Las autoridades y la dirigencia corporativa universitaria, en vez de regalar terrenos universitarios para proyectos estatales megalomaniacos,  deben defender por encima de todo la autonomía universitaria.

jueves, 21 de julio de 2016

Socialismo bolivariano: "En Venezuela no hay comida"


Carlos Crespo

"En Venezuela no hay comida", afirma el señor llorando. Es el "socialismo bolivariano" que no solo ha destruido la seguridad y soberanía alimentaria, sino que está llevando al país al hambre. A los pobres y excluidos de siempre, se ha unido una otrora poderosa clase media que de pronto "se ha igualado". 

Lo grave es que Bolivia está siguiendo esta desgarradora estela. La creación de EMAPA y las empresas agroalimentarias -PROMIEL, LACTEOSBOL para señalar dos ejemplos- son un intento por implementar el control estatal de los alimentos fundamentales de lxs bolivianxs, al estilo venezolano-cubano, que no ha funcionado, por el contrario, en Venezuela los productos que escasean son justamente los controlados por el Estado. Y el otro efecto, debilita aún más a los pequeños productores, a los emprendimientos económicos campesinos -OECAS,OECOMS que están haciendo esfuerzos para mejorar los términos de intercambio con la ciudad, transformando y comercializando bajo criterios de consumo responsable, comercio justo, pero tienden a tornarse nuevamente en proveedores de materia prima para las empresas estatales, como ya está sucediendo entre los mieleros y lecheros.

El Estado no puede controlar la alimentación de la gente, porque ahí la cosa se jode. Nuestros pueblos y comunidades han sabido resolver autónomamente, desde distintas prácticas de solidaridad alimentaria y apoyo mutuo, organizar espacios de encuentro e intercambios mercantiles, los mercados en Bolivia han sido verdaderos territorios donde la gente ha resuelto su alimentación, variedad y calidad. Cuanto menos intervenga el Estado, los mercados y ferias agroalimentarias estarían más baratas, diversas y saludables.

Y como en Venezuela, el control estatal de la alimentación produce corrupción; los "bachaqueros", los "revendedores" de la UDP, sujetos conectados al poder estatal en sus distintas ramificaciones, para acceder a alimentos y revenderlos en el mercado negro. Este año en Bolivia es el de la gran sequía, vamos a tener que importar alimentos -como Venezuela- y se prevé una escasez alimentaria. Es el caldo de cultivo para la versión plurinacional de los "bachaqueros".


http://www.infobae.com/america/america-latina/2016/07/21/el-conmovedor-llanto-de-un-venezolano-que-cruzo-a-colombia-para-conseguir-comida/

martes, 12 de julio de 2016

Comunidad académica y permanencia laboral del profesor universitario

Guido de la Zerda Vega

¿En qué situación la permanencia laboral de los docentes está amenazada? Normalmente la condición del profesor no está en riesgo, ya sea titular o extraordinario. Todos son automáticamente recontratados, conservando sus derechos laborales, incluso independientemente de la calidad de su trabajo -que podría estar fuertemente cuestionado. Esto, de algún modo es equivalente a la permanencia estudiantil no regulada de alumnos que reprueban muchas veces sin ser removidos de su condición estudiantil. Los profesores, administrativos y estudiantes “somos perennes”, al margen de la calidad de nuestros servicios o de nuestras responsabilidades académicas, porque además no existe un contrato que firmemos como miembros de la universidad que establezca las condiciones o la calidad de nuestros servicios. Esta seguridad laboral, que fue reivindicada como un derecho para proteger a la clase trabajadora en las primigenias sociedades industriales, ha sido trasladada también a espacios de formación y de actividades intelectuales y académicas, poniendo en cuestión las disposiciones reglamentarias propias o autonómicas de las instituciones educativas, en las cuales se explicita la permanencia docente basada en exigencias meritocráticas y no en “derechos” de permanencia laboral ordenadas en las leyes del trabajo y/o del funcionario público. 

Reitero, la permanencia laboral del docente esta explicada y sostenida por sus propios reglamentos, los cuales teóricamente traducen varios indicadores, entre ellos la acumulación de méritos por su práctica  de investigación y/o científica y por su permanente actualización académica. No obstante, el docente para mantenerse como tal (ya sea titular o extraordinario) no será evaluado por estos indicadores,  por lo tanto, su permanencia laboral no está amenazada por la exigencia o el cumplimiento de sus propios reglamentos.

Veamos el docente “real”, aquel que enseña y transmite. Este ejercicio, generalmente, el docente lo hace apoyado en métodos y textos, provenientes del medio. Este ritual no será interrumpido hasta su jubilación, conformando el ethos de la enseñanza y no de la investigación, y el cual funge como el umbral formativo referencial del estudiante.

El docente además de repetir textos con sus alumnos, puede obviar o no durante muchos años los avances actuales del conocimiento, de la ciencia y la tecnología; sus programas al fin y al cabo están prescritos como planes globales referenciales y fijos de lo que enseña, y los cuales están aceptados y legitimados por la institución que no los evalúa, y por la voz muda de los estudiantes que en el mejor de los casos los asimila. Sin embargo, el docente para mantenerse como tal (ya sea titular o extraordinario) no será evaluado por su labor repetitiva en el aula, por lo tanto, su permanencia laboral tampoco está amenazada por estas razones.

Entonces,  ¿en qué situación verdaderamente está amenazada la permanencia del docente? Por su condición de docente eventual, es decir, por su condición precaria y circunstancial de docente a tiempo horario. Este docente eventual no constituye una “Comunidad Académica”, no es un cuerpo colegiado de docentes a dedicación exclusiva para la docencia y/o la investigación. Este docente precario sirve y se sirve mejor de la reproducción perversa de la cultura política gremial y del sistema de gobierno de la universidad. Pero, esta situación es apenas una parte del problema. Lo central es que este docente eventual es secundariamente docente y su actividad principal económica o laboral es otra. De ahí que la universidad funcione más como un espacio corporativizado de personas con intereses personales y gremiales, que como una comunidad de intereses científicos y académicos. El docente de la comunidad académica es mínimo en la UMSS, y las más de las veces está ligado a tareas administrativas, y el desafío hacia la transformación de la universidad es crear esa comunidad, con un docente “cama adentro” que respire cotidianamente la práctica docente y el trabajo científico. Este docente de planta con su trabajo y su prestigio podría interpelar, participar, leer y reproducir mejor no sólo las corrientes de pensamientos actuales, sino también frenar y cuestionar las relaciones de poder no institucionales, que vienen destruyendo la cultura universitaria.


El autor es profesor de la UMSS.

jueves, 30 de junio de 2016

DE SOCIOLOGOS, ZAVALETA Y GARCIA LINERA

Carlos Crespo Flores
2016

Estos días discurre el VI Congreso Nacional de Sociología en nuestra ciudad; el tema del evento está dedicado al pensamiento de René Zavaleta Mercado. Zavaleta, considerado no solo es el sociólogo más famoso del país, sino también el "maestro pensador" del llamado "proceso de cambio", su guía, inspirador, intelectual orgánico.

Uno de los invitados es el vicepresidente Álvaro García Linera, “zavaletista” convencido; su presencia ha generado molestia en gran parte de la comunidad de sociólogos; cómo puede ser invitado un personaje que utiliza la sociología (pues no es sociólogo) para justificar intereses autoritarios, poco transparentes, nos preguntamos los del gremio. Un “intelectual” que aprovechando su Poder persigue y criminaliza a instituciones académicas e intelectuales que no piensan como él. Grave.

Vuelvo al punto. René Zavaleta Mercado era marxista, con una fuerte carga nacionalista, y su comprensión del país tiene los límites de su formación teórica y militancia política (MNR, MIR, PCB). Bolivia sería una “semicolonia”, con independencia política formal pero sin soberanía, sin autodeterminación (por lo demás considerado un ideal antes que una práctica), con una clase dominante “señorial”, oligárquica, que no pudo o quiso estructurarse como burguesía nacional. De esta manera, según Zavaleta, en Bolivia lo que existiría es un “Estado aparente”, sin capacidad de mandar en todo el territorio nacional ni a toda la población, una “república de pastores” (su estigmatización de lo agrario es tema de otro análisis) y un Estado que no es moderno.

Y cual su propuesta para salir de la semicolonia y modernizar el país? Ninguna novedad, una combinación de Estado fuerte e industrialización (léase extractivismo), la clásica y abundantemente fracasada alternativa izquierdista, del cual solo ha emergido el campo de concentración, dictaduras sangrientas, destrucción ecológica y mucho dolor. Construir un Estado nación verdadero, “integral”, altamente centralizado, que tenga control de todo el territorio nacional y su población, pero también de su economía, basada en la industria pesada. De ahí su entusiasmo por la clase obrera, particularmente minera, considerada la única que puede promover un régimen socialista, que industrialice y modernice el país, “quemando las etapas” de la penuria capitalista, en un verdadero acto “antimperialista”. Para ello, la clase obrera debe tener el dominio, sea bajo la forma de “dictadura de clase” como sostenía el “joven” Zavaleta, o “hegemonía”, concepto gramsciano recuperado en su etapa “madura”.

Como todos los marxistas, para Zavaleta el socialismo en Bolivia es un destino, es la única posibilidad de construir una nación. Una verdadera causa final, una tendencia ineluctable. Una teleología que la emparenta con el discurso judeo cristiano en sus forma más milenaristas.

La utopía zavaletiana es la que esta operacionalizando el gobierno de Evo Morales, la idea de un Estado fuerte con industria pesada es también la apuesta teórica de García Linera. Pero, su fracaso también es el fracaso de un “paradigma” dominante en Bolivia, particularmente en las ciencias sociales, el marxismo, del cual René Zavaleta Mercado es su estandarte. Esta combinación perversa de marxismo y nacionalismo desarrollada por el sociólogo orureño, ha sido llevado hasta sus extremos por el “gobierno de los movimientos sociales”, y de ahí no ha salido nada emancipador, al contrario ha reproducido la división racializada del país, la explotación inmisericorde de la naturaleza y sus servicios, la intolerancia y el autoritarismo.


martes, 14 de junio de 2016

TRANSFORMAR LA UNIVERSIDAD

Estamos anclados en una “crisis” no solamente del orden del saber; sino, masivamente, del orden del poder. Crisis que responde a una vieja estructura de gobierno universitario hipotecada, subordinada a intereses corporativistas sectarios, tanto del estamento docente como del estudiantil. Estructura que solapa y anima el “hacer sindicato” corrompiendo el “hacer universidad”. Estructura obsoleta que ha desnaturalizado los fines de la universidad llevándonos a vivir “como si la universidad tuviera sentido” cuando ya casi no lo tiene. La ilustración la encontramos en el conflicto del 2015 que nos ha llevado al borde de la stasis, con estamentos atrincherados en posiciones que violentan la norma, paralizan la vida académica, desestabilizan y debilitan la institucionalidad. Arrastrándonos a ser menos colectivo de docentes y estudiantes, menos comunidad de estudios, menos universitas studii. Es pues imperativo, “hacer un alto” para salir del “como si…” y volver a la sensatez de un cierto sentido común universitario. Pero, ¿dónde está ese “sentido común universitario”? ¿Ese sentido que connota nuestro “ser y quehacer” cotidianos como específicamente universitarios? Pues está en el Estatuto orgánico, que nos instituye históricamente como “cosa universitaria”, en la letra y el espíritu del mismo y en las resoluciones del Primer Congreso Institucional del 89. 

 ¡Hagamos pues del Estatuto nuestro programa! Ahí están los elementos, los criterios y términos (criticables y perfectibles), para cambiar drásticamente la “cara de la universidad”, para reconfigurar su ethos y demos en una perspectiva de reinstitucionalización y refundación de la universidad, cuyo actor protagónico sea el saber: única riqueza, única materia orgánica de los quehaceres estudiosos.

Entonces, transformar la universidad, reinstitucionalizarla, refundarla ya, más acá y más allá del actual tema eleccionario y, al mismo tiempo, preparar un congreso formal que recoja en un nuevo estatuto los cambios realizados. Ir a un congreso después de resolver nuestros problemas, tanto académicos como institucionales y gremiales. Antes, sería un suicidio y acabaríamos en una situación de abierta stasis.

1) Transformación desde los consejos de carrera ampliados, “empoderando” (término inestético, ni modo) a los sujetos universitarios primarios (verdaderos ejecutivos universitarios en las aulas, laboratorios, bibliotecas, archivos, institutos y departamentos académicos), que modifique y mejore radicalmente las condiciones materiales de trabajo cotidiano, de “hacer universidad” para llegar a ser, simplemente, una “universidad normal” (con estructura meritocrática que subordine lo administrativo, lo político y gremial a lo académico e institucional y una gran mayoría de docentes-investigadores ordinarios y estudiantes regulares dedicados plenamente al estudio, por ejemplo).

2) Preparación que comporte una valoración sincera de todos los cambios efectuados entre 1989 y 2016; y, una valoración crítica y justa de la letra y el espíritu del actual estatuto. Si queremos cambiar algo, habrá que saber a ciencia cierta qué es eso que queremos cambiar, ¿verdad? De paso, no olvidemos que muchos de tales cambios fueron animados por racionalidades sucedáneas e ideologías espurias (aún activas en todas las candidaturas del reciente proceso electoral clausurado), como la neoliberal y por intereses corporativistas y partidistas sectarios poco, casi nada universitarios.

Lo anterior obliga a todo universitario a asociar “letras y compromiso” con el fin de lograr que “el saber pueda y el poder quiera saber” ¿Cómo? Pues blandiendo la libertad intelectual y la autonomía universitaria interna (y no solamente política, frente al estado y la sociedad) en tanto sujetos y actores universitarios primarios y no como “docentes de base” o “estudiantes de base” (pseudoexpresiones indignantes e insultantes) frente a los poderes estamentales de turno, frente a la ocupación “democrática” (como la denomina Barnadas) de la universidad por parte de militantes de partidos políticos y frente a un cogobierno e instancias de autoridad burocráticos, irrespetuosos de la norma y pusilánimes a la hora de cambiar la universidad. Y no dejando de “hacer universidad” en los espacios “auténticamente universitarios” de la universidad, con los instrumentos que nos toca, a cada cual, ejecutar, es decir, con los saberes y conocimientos que generamos, transmitimos, publicamos en nuestros campos disciplinarios y en otros, inter, multi, trans (como gusten). Para esto no necesitamos directores, jefes, patrones, dirigentes, líderes, consultores o expertos: Porque todos somos rectores, ¿no es cierto?


Nelson G. Ferrufino R. (UMSS)